Tamaulipas: La raíz del miedo de la prensa en México

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Portada del periódico El Mañana de Reynosa donde informan sobre el secuestro del editor de El Mañana de Matamoros, Enrique Juárez.

 

Tamaulipas fue el primer estado cuya prensa fue silenciada por el narcotráfico en México. Los medios en Estados Unidos tienen prohibido ir a esa región para investigar lo que sucede actualmente con el crimen organizado. Envían a sus reporteros a las guerras que se viven en otros países, pero no a Tamaulipas. El siguiente reportaje forma parte de la serie: M.I.E.D.O: violencia contra la prensa en México 2015, que el 17 de marzo de 2016 la organización ARTICLE 19 presentó en la Ciudad de México.

Por Francisco Sandoval Alarcón

Enrique Juárez no  cree que la autoridad vaya a resolver la privación ilegal de la libertad que sufrió a manos del crimen organizado el 4 de febrero de 2015. Tiene miedo. Se siente desprotegido. La misma sensación hay entre sus colegas: un grupo de periodistas que diariamente producen y editan noticias en el municipio de Matamoros, Tamaulipas.

Salgo volteando para todos lados. Se me acerca un carro y acelero. Hago maniobras evasivas cuando manejo. Pero aquí seguimos –dice Enrique.

Enrique se desempeñaba como Director Editorial del periódico El Mañana de Matamoros hasta el día de su privación de la libertad.

Su tono es tranquilo cuando platica cómo es hacer periodismo en Matamoros.

No se hace periodismo por el control del crimen organizado, todo es por encimita y a veces ni por encimita –admite.

El día que lo privaron de la libertad, El Mañana de Matamoros, así como su periódico hermano El Mañana de Reynosa, no publicaron información “por encimita” en su primera plana. Todo lo contrario. Ofrecieron un recuento de los enfrentamientos armados registrados en esa frontera entre narcotraficantes y miembros del ejército, lo que había dejado hasta ese momento un saldo de nueve muertos.

Desde la Dirección General de los dos medios, que opera en Reynosa a 90 kilómetros de distancia de Matamoros, se ordenó a editores y reporteros que  publicaran la información relacionada con el tema y dieran seguimiento.

Matamoros es una ciudad que cuenta con casi medio millón de habitantes. Comparte frontera con Brownsville, Texas, Estados Unidos, y en meses recientes ha vivido episodios de violencia extrema como asesinatos, secuestros, balaceras, bloqueos de carreteras y quema de vehículos, que a su vez ha generado la publicación de alertas consulares por parte de autoridades norteamericanas.

En diciembre de 2014, el Departamento de Estado de Estados Unidos ubicó al estado de Tamaulipas como uno de los 20 más inseguros en México. Advirtieron que en ciudades como Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo y Victoria, se dan “homicidios, robos a mano armada, robo de autos, secuestros, extorsión y violencia sexual. La aplicación de las leyes estatal y municipal en el estado es muy limitada o incluso inexistente en muchas partes. Los conflictos violentos entre criminales y militares pueden ocurrir en toda la región y en cualquier momento del día”.

En la actualidad es común observar en Matamoros por las principales avenidas, caravanas militares y de la Policía Federal patrullando las calles con armas de alto calibre. Por las noches impera el silencio, salvo cuando hay enfrentamientos, lo que da una sensación de estar en el centro de un pueblo fantasma.

Pensaban que era momento de romper ataduras, quitarnos la bota con la que tienen sometida a la prensa en Matamoros. Accedí pero hice hincapié de que teníamos que tener cuidado porque podían pasar cosas –recuerda Enrique respecto a la publicación que se hizo el día de su privación de la libertad.

­–Nuestra noticia de ese día fue un acto de valentía o rebeldía, un grito desesperado de decir: ¡ya no queremos estar sometidos, ya no queremos estar censurados, queremos hacer nuestro trabajo; que es informar a nuestros lectores. Suficiente para que nos secuestraran a nuestro Director Editorial! – comenta Hildebrando Deándar, Director General de los periódicos El Mañana de Reynosa y Matamoros.

Los primeros asesinatos

Tamaulipas es la raíz del miedo para la prensa mexicana. Fue ahí donde comenzaron los primeros  asesinatos contra periodistas que informaban sobre hechos de violencia en México. Ocurrieron en los meses de enero, febrero, marzo y abril de 2000, en la época que el narcotraficante Osiel Cárdenas traficaba droga por la frontera de Tamaulipas en presunto contubernio con autoridades locales. En el mismo periodo que el político Tomás Yarrigton, buscado por el gobierno de Estados Unidos por presunto lavado de dinero a la organización criminal que encabezaba Osiel, era gobernador de Tamaulipas. Se trata de un estado que por su cercanía a Texas, es estratégico para el tráfico de drogas, armas y personas.

Es un estado donde el escenario común en todas sus carreteras es el tránsito de grandes vehículos de cargas que transportan mercancía de todo tipo. Legal y no legal.

Fue la captura y extradición a Estados Unidos de Osiel Cárdenas, ocurridas en 2003 y 2007, respectivamente, lo que marcó un antes y después para la prensa en Tamaulipas, que esporádicamente publicaba información sobre hechos de violencia, revelaron tres fuentes consultadas que pidieron anonimato para hablar del tema.

Sin Osiel a la cabeza y con una nueva administración federal encabezada por el panista Felipe Calderón Hinojosa, que les declaró la “guerra”, los socios de la estructura criminal, entre estos su brazo armado Los Zetas –ex militares mexicanos que se pasaron al narcotráfico- , vivieron una lucha intestina por el control de las rutas de droga hacía Estados Unidos. Los que se impusieron formaron sus células o “cartelitos” y establecieron sus reglas. En Nuevo Laredo, Victoria, Reynosa y Matamoros condicionaron a la prensa local para no escribir sobre hechos de violencia o de situaciones que pudieran involucrarlos. Pero también los obligaron a base de asesinatos, desapariciones, privaciones de la libertad, ataques armados, amenazas y miedo,  a escribir “noticias falsas” para beneficiar o perjudicar a sus aliados o enemigos.

ATENTA

 

Portada de El Mañana de Nuevo Laredo el 7 de febrero de 2006

 

El momento más álgido de ese cambio de paradigma con la prensa se vivió en Nuevo Laredo el 6 de febrero de 2006. Ese día a las 7:50 de la tarde, justo en el momento que alrededor de 20 periodistas y editores trabajaban en la redacción de  noticias, una célula armada del narco ingresó a las instalaciones del periódico El Mañana de Nuevo Laredo –que comparte el nombre con los diarios de El Mañana de Reynosa y Matamoros, pero cuenta con una Dirección General y Editorial diferentes-, realizó varios disparos  con armas AR-15 y AK-47 y arrojó una granada de fragmentación en el área de redacción. Como resultado del atentado el periodista y  co-editor de la Sección Local, Jaime Orozco Tey,  quedó gravemente herido de cinco disparos, uno de ellos en la columna que en la actualidad lo tiene postrado en silla de ruedas y que provocó su renuncia a principios de 2007. El ataque ocurrió casi dos años después del homicidio de Roberto Mora García, director editorial del diario, registrado el 19 de marzo de 2004.

El 11 de mayo de 2012, en medio de una nueva ola de violencia desatada en Nuevo Laredo, un tercer ataque en menos de ocho años puso en alerta al personal del periódico. En esa ocasión los agresores arrojaron una granada y dispararon contra la fachada y la pared del estacionamiento ubicada frente al inmueble. Lo hicieron  poco después de las 21 horas. A diferencia de 2006, en esta ocasión sólo se reportaron daños materiales.

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Fachada reforzada del periódico El Mañana de Nuevo Laredo. Foto. Francisco Sandoval

 

En pleno centro de la ciudad sobre la calle Perú, en la fachada principal del edificio y la pared del estacionamiento, quedan los orificios como un mal recuerdo de que el crimen organizado acechó la libertad de prensa.

 

Como respuesta al ataque y  los nulos resultados en las investigaciones de las agresiones vividas hasta ese momento, los Directivos publicaron al día siguiente una carta en la que informaban a sus lectores que ante la “falta de condiciones para ejercer el periodismo, se abstendrían, por el tiempo necesario, de publicar cualquier información que se derive de las disputas violentas que sufre nuestra ciudad y otras regiones del país”.

Actualmente en Nuevo Laredo, ciudad que comparte frontera con Laredo, Texas, y que cuenta con poco más de 384 mil habitantes, hay una calma construida en base al miedo y la incertidumbre de estar bajo el fuego del narcotráfico y la falta de acción gubernamental. Desde hace dos años no hay policías municipales y por las noches son pocos los vehículos que circulan por las avenidas. Los encargados de la seguridad son policías federales y militares que suelen tener poca presencia en la ciudad. Sólo algunos bares abren de noche y a ellos acuden jóvenes de entre 20 y 30 años de edad. Aun así las instalaciones de El Mañana están protegidas con dos bardas de metal, una en la fachada y otra en la entrada por donde se ingresa a la rotativa. La recepción  tiene una ventana blindada y una puerta de acero digitalizada. Su línea editorial sigue siendo la misma. No se publica nada relacionado con hechos vinculados con narcotráfico, pues continua la “falta de condiciones” que denunciaron en la carta de 2012 pero que inició desde el 2004, reveló una fuente autorizada del medio, quien pidió anonimato para ofrecer la entrevista.

Hay una especie de tregua y eso ha calmado las cosas. Lo hacen para no generar tensión, pero cuando se registra un ataque por parte de una corporación al cártel local la violencia se reactiva –dijo la fuente entrevistada.

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