Las historias de la #MarchadelasPutas

Vistiendo diminutos shorts, escotadas blusas y ajustadas minifaldas, en otros casos portando máscaras de cerdo o pancartas con algún tipo de consigna contra la violencia de género, las historias de cientos de  mujeres se entrecruzaron para exigir respeto en las calles, en centros laborales y en los propios hogares.

Estas son algunas de las historias se vivieron como parte de la  Marcha de las Putas en la Ciudad de México, que se celebró el domingo 12 de junio de 2011:

Ni vestida. Ni encuerada…

Verónica Martinez e Hija y Cristina

Además de conducir un programa de radio a nivel nacional, Verónica Martínez es madre de Verónica, una adolescente de 13 años de edad, que este domingo, al igual que su mamá,  decidieron salir a la calle vestidas casi iguales: Shorts pequeños, camisa tipo vaquera ajustada y sombrero estilo tejano pero de palma.

No lo hicieron solas. Cristina, amiga de la familia y quien vestía el mismo atuendo que las verónicas, se unieron a la “Marcha de las Putas” con el fin de  reivindicar su derecho a vestir como se les “dé la gana”, pero sobre todo decirle a los hombres que tomen conciencia del respeto que deben tener hacia la mujer.

Las tres, según platican, han vivido o escuchado historias de acoso. Desde piropos bien o mal intencionados, hasta agresiones verbales, psicológicas y físicas.

La última vez que le ocurrió a Cristina fue antes de llegar a la marcha. Platica que a la altura de la avenida Burdeos y Reforma le gritaron un piropo que no le agradó. En el caso de  la adolescente, le tocó escuchar el testimonio de una amiga quien fue golpeada en uno de los glúteos, por un grupo de jóvenes de su escuela.

“Es de mucha impotencia…Es no sentirte segura en ningún espacio porque en cualquier momento alguien te puede faltar al respeto y eso no puede ser”, coinciden las entrevistadas mientras un grupo de personas hace fila para fotografiarlas con sus mejores poses y portando una pancarta, elaborada por ellas mismas, que dice: “Ni vestida. Ni encuerada. No me digas nada”.

“Me decían puta por vestirme exótica”.

Claudia Méndez

Vistiendo  una especie de toga roja que ella mismo pintó con la silueta de una curvilínea mujer con senos al aire, Claudia Méndez fue otra de las participantes de la marcha que este domingo decidió protestar por las agresiones que sufren cientos de mujeres por su manera de vestir.

Relató que siendo una joven adolescente recibió muchos insultos verbales y psicológicos por parte de los hombres, al grado de llamarla “puta”, por el simple hecho de vestirse de una manera exótica.

“A mí me gustaba vestirme así y de repente no faltaba el granuja que me ofendía”, comentó la también Artista Plástica, que en señal de protesta, decidió pintar el cuerpo de una cabaretera para demostrar que todas las mujeres son libres de vestirse como les plazca sin necesidad de ser llamadas con un calificativo.

“Sale muy caro ser puta”.

Daniel Ramos

Con el rimel corrido por el calor y una blusa escotada que mostraba su lampiño pecho, Daniel Ramos Gómez, estudiante de medicina de la UNAM, fue otro de los rostros que decidió apoyar la “Marcha de las Putas”.

Integrante de Proyecto 21, organización artística que se dedica a salir a las calles para denunciar todo tipo de amenazas a los derechos humanos, el joven dejó por un momento los libros de medicina y sus camisas de estudiante, para salir a las calles pintado y con una  blusa de mujer, con el único objetivo de apoyar la labor que realizan las trabajadores sexuales en el mundo.

Recordó que el 2 de junio de 1965 las trabajadoras sexuales en Francia tomaron  una iglesia para exigir el reconocimiento de sus derechos laborales, acto que explicó fue el primero de su tipo.

Cuestionado sobre la reacción que tienen otros hombres al verlo maquillado y con ropas femeninas,  Daniel responde que en el caso del Distrito Federal siempre les muestran apoyo, no así en otros estados, sobre todo en los más conservadores, donde, según platica, “sale muy caro ser puta”.

“Mi cuerpo”.

Joyce Jandete

A diferencia de otras mujeres y hombres que decidieron vestir con blusas escotadas, Joy Jandete  decidió hacerlo de una manera singular y sin tapujos: Desnuda del torso.

“La violencia y la represión comienzan con uno mismo… así que por eso me quito la playera”, comentó esta joven en cuyo pecho desnudo escribió con letras negras: “Mi cuerpo”.

Exestudiante de música y desempleada, asegura que no fue fácil tomar la decisión de marchar semidesnuda, sin embargo, explica que los esquemas y estigmas que existen contra la mujer la llevaron hacerlo.

“Es momento de parar ese carro”, indica la joven mujer, mientras cientos de curiosos -la mayoría hombres-, que observan la marcha desde la banqueta de la avenida Reforma, no se pierden ninguno de sus movimientos y aprovechan la ocasión para fotografiarla descaradamente con  los celulares.

“Vamos a pelear por otras mujeres”.

Itzel Ortiz

Madre de una bebé de siete meses y una niña de tres años, a quien empuja en su carriola, Itzel Ortiz decidió marchar este domingo por dos razones: Por sus hijas y para protestar contra las agresiones que sufren diariamente las mujeres.

Vestida con short blanco, blusa negra y tacones altos, Itzel piensa que cualquier tipo de piropo que reciba una mujer en la calle es una falta de respeto, de ahí que esté convencida que con educación y cultura se pueda frenar este mal.

“Tenemos que apostarle a eso para que, como ocurre en otros países, podamos salir a la calle vestidas como queramos y que nadie nos tenga que decir nada”.

Sin ser una investigadora del tema, pero con la experiencia que le dan sus 24 años de edad y el ser madre de dos pequeñas niñas, considera que muchas mujeres son generadoras de violencia en los hogares.

“En la forma de criticarnos al vestir también generamos violencia, pero es bueno que se encuentren aquí muchas mujeres unidas, pero unidas para decir que vamos a pelear por otras mujeres”.

Las palabras lastiman

Alejandro Martinez

Alejandro Martínez, de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, fue otro de los participantes de la marcha. En su caso lo hizo disfrazado con una máscara de cerdo, pues esta convencido que los hombres, al menos en la Ciudad de México, se comportan como estos animales.

“Me da mucha pena que en el transporte público estemos segregados mujeres con hombres. Sin embargo, esto es parte del proceso de degradación social que vivimos que no nos permite utilizar los mismos espacios públicos”.

De 27 años de edad, asegura que el abuso “lascivo” de los hombres provoca que muchas mujeres ya no puedan caminar por la calle o en el metro tranquilamente,  porque se sienten ofendidas y con miedo.

“Las sodomizamos en el metro, las sodomizamos en la calle y en cualquier otra parte. Hay que ser conscientes que no sólo la violencia física lastima, también las palabras y esas, en la mayoría de las ocasiones, son las que mayor daño dejan en las personas”.

Para ver el texto publicado en Animal Político dar click aquí

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2 pensamientos en “Las historias de la #MarchadelasPutas

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