Alejandro Cossío, testigo de la trágica violencia del país

Del ensayo "México en punto de quiebre” (Fotos: Alejandro Cossio)

Son las 6 de la mañana del lunes 29 de septiembre de 2008 y el teléfono de la policía repica. Con la voz entrecortada por el miedo, un vecino de la colonia Otay Constituyentes de Tijuana reporta que en un lote baldío ubicado a un costado de la escuela primaria que está al final de su cuadra, tres tipos a bordo de una camioneta arrojaron los cuerpos sin vida de varias personas.

En cuestión de minutos la noticia corre como reguero de pólvora entre reporteros, camarógrafos y fotógrafos de esa ciudad fronteriza. Entre ellos, Alejandro Cossío. Conocedor de la ola de violencia que se había desatado ese año, él estaba siempre listo con lo básico para afrontar una salida de ese tipo: una cámara y el tanque del automóvil cargado de gasolina para salir  de casa y cubrir la nota sin contratiempos.

Aquella mañana condujo hasta la populosa colonia y se acercó al lugar para documentar el suceso. Caminó tres cuadras y después subió a la azotea de una casa de dos pisos. Una vez arriba, su lente captó una de las imágenes más duras e impactantes de su carrera. En total, 12 personas fueron asesinadas en esa ocasión. Entre las víctimas se encontraba una mujer y un muchacho de unos 15 años. A seis de ellos, los torturaron y les cortaron la lengua, mientras que al resto los golpearon hasta acabar con sus vidas.

La imagen capturada por Cossío, forma parte del trabajo titulado: “México en punto de quiebre” que lo hizo acreedor en este 2010 al Premio Nuevo Periodismo CEMEX+FNPI, que por primera vez, en nueve convocatorias, es otorgado a un mexicano.

Cossío reconoce que tiene sentimientos encontrados porque lo están premiando por un

Del ensayo "México en punto de quiebre” Foto: Alejandro Cossio

trabajo que documenta la violencia en la que se encuentra el país. “No hay para cuando acabe esto de la violencia y el futuro pinta peor, siento que nos acercamos a un punto de quiebre, de un colapso fuerte en la nación”.

Tijuanense por adopción

Originario de Los Mochis, Sinaloa, Alejandro Cossío nació en 1973, pero a los nueve años llegó a radicar a Tijuana con su familia. Su infancia estuvo dominada por su vivacidad, pero se enfrentaba a la soledad cuando llegaba a su casa después de la escuela.

Preocupada por el futuro de sus hijos, la madre de Alejandro trabajaba a la hora que él salía de clases, mientras que su hermano acudía a la escuela en el turno vespertino. Así pasó su  adolescencia, explorando y observando  las dinámicas de Tijuana.

Por su personalidad dicharachera y amigable parecía lógico interesarse en la comunicación y se matriculó, casi que por añadidura, en la licenciatura que ofrece la Universidad Autónoma de Baja California en esa materia. Durante los primeros cuatro semestres exploró diferentes áreas de la carrera, pero en el quinto supo exactamente a lo que se quería dedicar.

Nace el fotoperiodista

Su interés en el fotoperiodismo comenzó luego de leer en la biblioteca de la universidad revistas como Time, Life y National Geographic. Sin embargo, fue al cursar la materia de fotografía que Alejandro tuvo claro cuál era su vocación.

“Desde que empecé a aprender fotografía, siempre busqué hacer fotos con estilo periodístico, de la calle, las personas y la vida cotidiana”.

Ese interés por documentar lo que ocurría en su entorno lo llevó a la mitad de su carrera universitaria, a solicitar trabajo en uno de los semanarios con mayor arraigo y credibilidad en Tijuana y que en ese entonces era dirigido por el periodista Jesús Blancornelas, a quien Cossío admira entrañablemente por su valentía y honestidad al ejercer lo que Gabriel García Márquez ha catalogado como el mejor oficio del mundo.

Del ensayo "México en punto de quiebre” Foto: Alejandro Cossio

“Me incliné por el fotoperiodismo porque pienso que la imagen fija entra con mucha fuerza  en la gente. Hay fotos que quedan grabadas y pueden llegar hasta mover y crear conciencia en temas determinados”.

Los actos violentos que cada año se iban incrementando en Tijuana, llevaron a Cossío a darle cobertura a muchos de los hechos policiacos que se registraban en la ciudad.  Ese tipo de noticias y los riesgos que asumen los periodistas al abordar estos temas, dejaron en Alejandro una huella que después de seis años todavía no se borra.

El 22 de junio de 2004 asesinaron a balazos a Francisco Ortiz Franco, editor del semanario Zeta. Ese día, cámara en mano, Cossío fotografió el cuerpo sin vida de su amigo y compañero de trabajo.

Espectador silencioso

Los que tienen la fortuna de conocerlo saben de la alegría y los pincelazos de locura que ocasionalmente salen a relucir en la personalidad de Cossío. Contrario a lo que ocurre cada que sale a trabajar a las calles donde se convierte en un espectador silencioso de los hechos,  en su lugar de trabajo siempre se le ve muy activo.

Sus compañeros, están acostumbrados a escucharlo cantar o pensar en voz alta, lo que lo convierte en una especie de torbellino parlante.

A decir de la fotoperiodista mexicana Elsa Medina, amiga, consejera y maestra de Cossío, esa energía e inquietud que tiene lo ha llevado a convertirse en un excelente fotógrafo. “Siempre ha sido muy inquieto. Yo lo conocí desde sus inicios, en el día a día. Recuerdo que platicábamos mucho y poco a poco comenzó a pedirme algunos consejos”.

Fueron las respuestas y consejos de Elsa, los que despertaron en el novel fotoperiodista  ese olfato y la sensibilidad que ahora le imprime a sus fotos. “Ya encontró un estilo y lo logró a base de ver, analizar y criticar”.

No es la única cualidad que Elsa ve en Cossío. Sostiene que ha logrado plasmar en cada foto un hecho diferente sin repetir nada, con una forma muy sutil de narrar las desgracias humanas.

Prueba de ello, señala, es una de las fotografía que forma parte del ensayo “México en el

Foto: Alejandro Cossio

punto de quiebre”. Es la imagen en la que sólo se alcanzan a ver los pies de dos peritos forenses y una mano iluminada y extendida saliendo de la parte trasera de una camioneta mortuoria. “Esa foto lo dice todo”.

Continua

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