La delincuencia se adueñó de la colonia Mariano Matamoros en Tijuana.

Foto: Alejandro Cossio

Irma López brincó de la cama cuando escuchó una ráfaga de disparos cerca de su casa. Por un momento pensó que eran “cuetes” (fuegos artificiales) pero los gritos, los llantos y el ajetreo de la gente, confirmaron su sospecha: Habían asesinado a alguien.

Se trataba de un ex Policía Estatal Preventivo vecino suyo, metido a la mafia. Pronto el asesinato se convirtió en noticia nacional. No sólo por el perfil de la víctima ni por los múltiples disparos que le hicieron los sicarios para rematarlo, sino porque el crimen se había cometido a los 20 minutos del 1 de enero de 2009. El primer ejecutado del año en el país se había registrado en la colonia Mariano Matamoros.

En 1997 Irma  llegó a radicar al populoso barrio, ubicado en la Delegación La Presa Rural en la zona Este de Tijuana. Antes había vivido en otras colonias o fraccionamientos, pero ninguno tan conflictivo como éste. “Siempre ha sido una zona muy brava. No sólo hay asaltos y venta de drogas, también hay asesinatos”.

Como aquel que se cometió la víspera de año nuevo cuando Irma saltó de la cama presa del miedo o como el que se registró 6 días más tarde, cuando vecinos de la calle María Herrera revelaron a la policía que frente a sus casas arrojaron el cuerpo decapitado de un hombre.

Los asaltos a mano armada son el otro problema que tiene atemorizados a los vecinos de la colonia. Irma es una conocedora del tema. Si alguien ha visto y presenciado una gran cantidad de robos violentos es ella.

Recuerda que cuando llegó a vivir “al Mariano”, como también le llaman los vecinos a la colonia, rentaba una casa en una de las esquinas de la avenida Ruta Matamoros en la que seguido asaltaban a la gente. A la mujer le tocaba ver por su ventana como golpeaban y atemorizaban a las víctimas. Emocionalmente le pesó y cansada de los atracos decidió mudarse a cuatro cuadras de ese lugar.

Ahora vive en una casa amplia, que tiene barda, rejas, en la que se siente segura cuando se encuentra en ella. El problema es que el miedo se apodera de ella cada vez que sale por las noches. Necesariamente tiene que pasar por la avenida Ruta Vicente Guerrero, punto de reunión de dos pandillas que roban tanto a transeúntes y vecinos. Además a la altura de los abarrotes El Pinocho, en la esquina de su casa, hay venta de droga y sus principales clientes son los integrantes de los dos grupos rivales. De ahí que muchos vecinos como la afligida Irma, prefieran autoimponerse un toque de queda y no salir después de las 8 de la noche, al menos que sea una verdadera urgencia. De lo contrario no es necesario jugarse el pellejo y menos arriesgarse a ser asaltado.

La policía no vigila

Las patrullas de la Policía ya no hacen rondines de vigilancia en la colonia. Ocasionalmente transitan por la Ruta Matamoros pero no hacen  patrullajes al interior del barrio. Sólo ingresan a él cuando se comete un asesinato y tienen que resguardar la escena del crimen, o cuando reciben un reporte de robo. De ahí en fuera no hay vigilancia.

A Irma nadie le saca de la cabeza que el problema de inseguridad en su colonia es porque la policía sólo patrulla la avenida principal, que es la Ruta Matamoros, dejando prácticamente desamparadas las calles del barrio donde confluyen pandillas, se cometen robos y hay venta de droga al menudeo. No hay que ser súper policía o investigador con título universitario,  para llegar a la conclusión que la falta de vigilancia en una ciudad tan insegura como Tijuana, hace más poderosos a los delincuentes en colonias desprotegidas.

Es el caso de la colonia Mariano Matamoros, que por décadas ha sido calificada como una de las zonas más conflictivas en la ciudad, no sólo por las pandillas que ahí se han asentado y que han encabezado batallas por cuestiones territoriales, sino por la cantidad de asesinatos que se han cometido ahí y que son atribuidos a grupos del narcotráfico. De hecho, según los reportes de las autoridades de la Procuraduría General de Justicia del Estadoi (PGJE), las células del Cártel Arellano Félix, aprovechando o comprando la falta de vigilancia, han asentado sus redes criminales en ese lugar.

El problema es que aún con los negros antecedentes, existe la orden de no patrullar las calles de la colonia y fue emitida por el Teniente Coronel Julián Leyzaola, Secretario de Seguridad Pública de Tijuana. La estrategia de la policía en ésta y otras colonias de la ciudad, es actuar bajo reportes. Esto es acudir o realizar patrullajes una vez que sea consuma el delito.

“La policía en esa zona está actuando por reportes. Casi no tengo unidades, ni personal para  dedicarme al patrullaje de vigilancia, no me alcanza el número de efectivos; Pero todos los reportes se atienden”, reconoció el Secretario de Seguridad cuando se le preguntó por esa falta de patrullajes en Mariano Matamoros y por los delitos que ahí se cometen, lo que ha generado una sensación de indefensión entre los vecinos del barrio que como Irma, piden a las autoridades no hacerse “de la vista gorda” ante el incremento de los crímenes.

Tiendas Oxxo las preferidas del hampa

No sólo los vecinos están desesperados por la inseguridad que impera en la colonia Mariano Matamoros. Trabajadores y dueños de comercios fijos y ambulantes tienen miedo de los asaltos que ahí se cometen.

Cifras del Sistema de Información y Estadística (SIE) dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE), revelaron que en los primeros cinco meses de 2009 se cometieron 235 robos a comercios en la colonia Mariano Matamoros, lo que arrojaba un promedio de 11 asaltos a la semana, mientras que en la zona centro de la ciudad donde se concentra el mayo número de negocios, reportaron 164 delitos de ese tipo, un promedio de 8 semanales.

Jorge es un sobreviviente y lo sabe. Lleva más de un año trabajando como encargado de una tienda Oxxo ubicada en la Ruta Mariano Matamoros y ha sido víctima de por lo menos 10 asaltos. En todos ha salido bien librado y se ufana de conocer el temperamento de los delincuentes.

La constante es que los delincuentes porten pistolas o cuchillos y amenacen de muerte los empleados. En todos los casos piden el dinero producto de las ventas y en otras ocasiones, se llevan mercancías como botellas de licor o cajas de cerveza.

“Cuando vemos que están muy alterados cooperamos con ellos, básicamente les decimos que se lleven las cosas y que no les vamos a hacer nada. Hasta ahora hemos corrido con suerte”, expone Jorge mientras otro de sus compañeros ha emprendido la tarea de abrir y cerrar con llave cada que un cliente entra o sale del establecimiento. “Lo hacemos por precaución”, justifica.

No es la única medida preventiva tomada por los trabajadores de esa tienda.  Los fines de semana por ejemplo, no abren la puerta a las personas que llegan después de la 9 de la noche y a los desconocidos no les venden. Argumentan que el negocio está cerrado y les piden de favor que regresen al día siguiente.

Hay días entre semana también, como los miércoles, que por las noches los trabajadores de la tienda se mantienen en alerta, pues han descubierto que es un día recurrente para cometer los atracos. Es decir que han tenido que tomar sus prevenciones y la policía, que debería tener ese rol, simplemente no lo hacen porque no hay suficientes patrullas y efectivos.

Asaltan por día y hora

Mapas elaboradas por SIE revelan que los miércoles de las 21 a las 23:30 horas, son los días y horarios predilectos de los delincuentes para cometer los robos violentos a transeúntes y comercios. La información fue obtenida a través de las denuncias que atendieron autoridades de la Procuraduría de Justicia del Estado durante los primeros cinco meses de 2009. De ahí que los trabajadores del Oxxo se mantengan en alerta ese día.

Aún con las evidencias y estadísticas oficiales, lo que le molesta a Jorge no es la cantidad de asaltos a los que se ha tenido que enfrentar en un año, está preocupado porque las autoridades policiacas no están realizando labores de vigilancia en la zona y cuando acuden a patrullar lo hacen en atención a una denuncia o porque ya se consumó el delito, lo que le permite a los delincuentes huir sin ningún problema, así sea miércoles, sábado o domingo.

Recordó el caso de un asaltante que después del robo se retiro caminando del Oxxo. “Tuvo todo el tiempo para escapar y lo hizo sin sobresaltos”. El delincuente sabía perfectamente que los policías ya no atienden este tipo de incidentes y cuando lo hacen llegan 2 ó 3 horas después de cometido el robo. Así de la lenta es la prevención e investigación de los delitos en las colonias conflictivas de Tijuana.

Sobre este punto el secretario de seguridad, Julián Leyzaola, explicó que la corporación a su cargo, aún cuando no están haciendo rondines de vigilancia por la falta de personal y equipo, están acudiendo a los reportes que se presentan pero sólo cuanto se trata de robos, asaltos, lesiones y vandalismos.

El Jefe Policiaco puso en tela de duda las estadísticas de la dependencia que se encarga de concentrar las diferentes estadísticas delictivas en el Estado y que en los primeros cinco meses de 2009 ubicó a la colonia Mariano Matamoros como una de más conflictivas. «Tendría yo que ver a qué se debe o cómo se cuece la estadística, en el sentido de que es la más insegura», respondió Leyzaola cuando se le preguntó del tema, pues según sus los cálculos que maneja la incidencia delictiva en esa zona se encuentran a la baja.

Aún con el discurso y la declaración del Secretario de Seguridad, la sensación de indefensión por parte de trabajadores y vecinos de la colonia la corroboró el Reportero, quien un par de veces recorrió a pie y en automóvil las calles del barrio y se percató de la nula vigilancia de la policía. Sólo en una ocasión observó el movimiento de tres patrullas municipales que rápidamente atravesaron la Ruta Matamoros, de ahí en fuera nada, ningún policía vigilando o investigando los delitos ahí cometidos, lo que sin duda es aprovechado por los delincuentes que literalmente se han adueñado de la tranquilidad  y el sueño de los vecinos del Mariano Matamoros que como Irma, dicen estar hartas de los asaltos y las ráfagas de bala que atemorizan o matan a los habitantes del populoso barrio.

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