Los excesos del COLEF

Foto: Portal COLEF

Fundado en 1982 con el objetivo de generar conocimiento científico sobre los fenómenos regionales de la frontera México-Estados Unidos, el Colegio de la Frontera Norte (COLEF) se ha convertido en un organismo en el que sus directivos gastan a manos llenas a expensas del erario público. Esto a pesar de que a nivel internacional el COLEF, dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), se encuentra en los últimos lugares de las instituciones dedicadas a la investigación científica.

El Informe 2009 de SCImago –uno de los rankings mundiales de mayor prestigio para evaluar instituciones de Investigación académica, con sede en Inglaterra– ubicó al CONACYT en el lugar mil 733, mientras que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se situó en la posición numero 95.

Cabe resaltar que este estudio evaluó a dos mil entes dedicados a la investigación científica en todo el mundo e incluyó a instituciones pertenecientes a 84 países agrupadas en cinco sectores: Centros de Educación Superior, Entidades Públicas de Investigación, Centros Biosanitarios, Empresas y Otros.

Aun con los nada halagadores resultados, los privilegios que gozan los investigadores del COLEF son muchos. De acuerdo con una solicitud de información realizada a la Unidad de transparencia, de enero de 2008 a septiembre de 2009, 18 directivos realizaron 202 viajes a nivel regional, nacional e internacional, mismos que tuvieron un costo de un millón 105 mil 50 pesos.

Además de los salarios que perciben los directivos del COLEF mensualmente y que oscilan entre los 49 mil y 111 mil pesos, existen funcionarios como Tonatiuh Guillén López, presidente del Colegio, que cuando sale de viaje gusta comer en restaurantes argentinos y cantinas en donde ha pagado cuentas de hasta mil 685 pesos y dejado propinas de 200 con cargo al presupuesto público designado a la institución.

No es el único caso. Hay otros investigadores que también tienen gastos exorbitantes cuando salen a presentar ponencias en representación del Colegio. Concretamente la referencia es para el director de Estudios Culturales, Miguel Olmos Aguilera.

En julio de 2009, Olmos presentó una ponencia en la ciudad de México en el marco del “Congreso Internacional de Americanistas”. Durante su instancia en el Distrito Federal el académico comió en finos restaurantes de la colonia Condesa y en conocidas cantinas del centro de Coyoacán donde pagó cuentas de mil 676 pesos.

Adicionalmente, los directivos del COLEF también organizan cursos, seminarios y ponencias donde, de acuerdo a las copias de las facturas de sus gastos obtenidas por ZETA, gastan en cajas de vino “Ribera del Duero” y en la renta de manteles de lujo que no pueden faltar en sus banquetes de clausura. 

Sólo en este tipo de actos institucionales se gastaron un millón 304 mil 761 pesos por la realización de 55 eventos, que en promedio tuvieron un costo de 23 mil 722 pesos cada uno. Un gasto inconcebible en tiempo de austeridad.

“Pueden ser más” los gastos

El rostro del presidente del COLEF Tonatiuh Guillén López es serio, muy diferente a la expresión amable que normalmente lo caracteriza. No obstante, el Investigador se muestra cordial y concede una entrevista a ZETA para conocer el manejo de los gastos por concepto de viáticos que en los dos últimos años han realizado él y los directivos del Colegio.

Los documentos en poder de ZETA revelan que en el 2008 Tonatiuh Guillén realizó un total de 45 viajes nacionales e internacionales, mientras que hasta septiembre de 2009 llevaba un total de 22 viajes realizados.

En suma han sido 176 los días que ha viajado el presidente del organismo, de los cuales cerca del 70 por ciento ha tenido que hospedarse en las ciudades que visita.

Por estos 67 viajes se han gastado 433 mil 762 pesos, lo que equivale a 2 mil 464 pesos diarios, cifra que supera por mucho los mil 650 pesos diarios destinados a servidores públicos en el marco de la norma que regula los viáticos y pasajes para las comisiones en el desempeño de funciones en la Administración Pública Federal.

Con paso firme y mesurado Guillén se acomoda en uno de los asientos del aula magna Raúl Rangel, donde se desarrolla la entrevista.  La sala tiene una espléndida vista al mar y a pocos metros se observa el tráfico cotidiano de la carretera escénica Tijuana-Playas de Rosarito.

Una vez instalado y tras los saludos de rutina, al directivo se le entregan las copias de las facturas que demuestran las exorbitantes cuentas gastadas en restaurantes y bares a los que ha acudido como Presidente del organismo.

“¿Y qué tienen estas facturas?”, señala Guillén con tono de enojo.

“Que hay consumos de más de mil pesos en cantinas y restaurantes argentinos”, explica el Reportero.

“No es una cantina, es un comedor muy grande que esta detrás del Hotel Emporio”, aclara.

Este reportero pudo establecer que se trata del restaurante bar “BL Mont”, ubicado en la calle Milán de la colonia Juárez en la ciudad de México, cuyo eslogan de publicidad indica que se trata de una “Auténtica Cantina” que opera “desde 1925”, y en la que el 27 de marzo de 2008 Tonatiuh Guillén gastó mil 485 pesos por “consumo” y 200 pesos de propina.

¿Qué me puede decir de esas cuentas, porque no me queda duda que le gustan los restaurantes argentinos o de repente ir al Black Mont y pagar mil 685 pesos en una sola cuenta, lo que se me hace excesivo?.

“Puede ser, sí”, se limitó a responder el Presidente del COLEF, no sin antes corregir al reportero y aclararle que el nombre del establecimiento donde pagó casi 2 mil pesos se llama “BL Mont” y no Black Mont.

Tras la precisión semántica, se le vuelve a preguntar sobre las elevadas cuentas que ha gastado con motivo de sus comidas y tras reconocer que podrían existir montos mayores, justificó el evidente exceso a las numerosas actividades que realiza en el Colegio.

Según Guillén López la carga de trabajo, así como las distancias existentes en ciudades como el Distrito Federal, ha ocasionado que muchas de las reuniones que sostiene con otros investigadores o funcionarios del COLEF terminen en bares o restaurantes cuyas facturas de consumo finalmente tiene que pagar con recursos destinados a la institución que representa.

“Estos gastos entran en lo que es la partida de mis gastos y son los que probablemente estén ahí reflejados (en las facturas), pero son actividades perfectamente cotidianas. Lo del restaurante argentino debe ser alguno que está enfrente de CONACYT (en la ciudad de México)”.

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