Crónicas del carnaval Ensenada

 

La palabra carnaval no sólo encierra magia, disfraces, alegría y baile, también tiene implícita una serie de historias e imágenes de los personajes que le dan vida a esta fiesta que en el caso de Ensenada inició en 1918. Todos los años, una semana antes de cuaresma, los habitantes y visitantes del puerto se preparan para liberar el cuerpo y darle rienda suelta a los deseos mundanos.

Como en toda fiesta carnavalesca se cuenta con un Rey Feo, una Reyna, se elaboran carros alegóricos y se realizan comparsas que son la alegría de chicos y grandes, pero además son fuente de inspiración para muchos y una motivación para vincularse con los festejos que se realizan en la llamada cenicienta del pacifico desde hace 92 años.

Las siguientes son tres historias de carnaval. Ejemplos de tenacidad y esperanza, pero sobre todo de alegría.

Es el caso de Susano, un popular florista que en 1962 fue nombrado Rey Feo y que desde llegó al puerto hace 52 años no ha parado de carnavalear; de Roberto, un  escultor que hace 36 años logró con su talento convertir a la colonia Popular Número Uno en las de mayor tradición en la historia de los carnavales y de María Inés, una mujer de 70 años que después de vivir un matrimonio de prohibiciones logró liberarse a través de la rumba y el carnaval.

El eterno Rey Susano

 

El ex Rey Susano

Faltan 4 horas para que inicie el desfile de carnaval y Susano Ibarra, “Popotitos”, parece un joven de 18 años atendiendo pedidos en su florería de la avenida Obregón de Ensenada. Tiene 70 años y por más de 50 ha participado en la mayoría de los carnavales celebrados en el puerto.

Los ensenadenses  saben “que el Carnaval sin Susano es como un carnaval sin lluvia”. De ahí que hace un par de semanas cuando se dio a conocer la noticia de que el popular florista no pensaba participar en el carnaval dedicado este año a los dioses mitológicos del placer, los organizadores del evento tomarán una decisión acertada: designarle un carro alegórico. Cuando la noticia llegó hasta sus oídos no sólo fue música, también fue alegría y el inicio de la fiesta.

Sus ojos son pequeños pero vivarachos. Tiene la nariz larga, es delgado y se mantiene en forma a base de ejercicio y baile. A su edad es un hombre sumamente activo. “Es un torbellino…No para, así es todo el día”, señala Claudia, amiga de Susano  quien ocasionalmente  le ayuda a atender los pedidos y adornar los arreglos de la florería “La Orquídea de Oro” propiedad de “Popitos”, localizada  entre las calles quinta y sexta del Centro Histórico de Ensenada, a seis cuadras donde  iniciara el desfile que como todos los años recorre el bulevar Costero del Puerto, en una de las mejores vistas de la ciudad: pegado al malecón.

La ayuda de su incondicional amiga, apenas unos cuantos años menor que él, es indispensable sobre todo cuando coincide que el 14 de febrero, fecha en que más pedidos tiene en la florería por la celebración del amor y la amistad,  cae en días de carnaval. Entre el compromiso del trabajo y el deseo de darle rienda suelta al cuerpo, Susano tiene que trabajar más duro, terminar rápido y encargarle el negocio a Claudia para irse a rumbear.

El sábado 13 de febrero no fue la excepción. Desde las 9 de la mañana Susano se colocó un sombrero blanco de bombín con plumas azules, así como varios collares con pequeños rostros de mimo y bolitas de colores que elaboró para la ocasión, abrió su pequeño y céntrico negocio  y comenzó la labor del día. Su cara no podía dejar de ocultar felicidad. Aún cuando ha participado en los carnavales más importantes del mundo, como son los de Río de Janeiro y Nuevo Orleans, él sólo tiene corazón y le emociona el que se hace en la ciudad que en 1962 lo coronó Rey Feo y que en 1961 le brindó el mote de “Popitos”, esto porque al bailar la canción que lleva ese nombre y que por aquel año grabaran en español los “Teen Tops”, mostraba sus delgadas piernas al ritmo del rock and roll.

La noticia de que no participaría en el carnaval por la falta de recursos para construir  un carro alegórico causó conmoción entre mucha gente del puerto que lo quiere y reconoce su alegría. Su amiga Claudia, quien en un principio se mostró sorprendida por la información, dijo que conociendo a su amigo,  éste finalmente accedería a estar en el carnaval. Recordó una anécdota  en la que Susano dijo también que no estaría presente y faltando un par de horas cerró el negocio apresuradamente, sacó su traje, desempolvó las botas, el sombrero y se fue a bailar. “¡Su espíritu es carnavalesco!”, dice.

 Susano llegó al puerto proveniente de Nayarit en 1958 a la edad de 18 años. Lo hizo con un Tío el cual se unió a la construcción del rompeolas instalado en Ensenada por aquellos años. Un día caminando por una de las calles del centro se topó con una casa en que la construían un carro alegórico. Al preguntar para qué lo hacían, le respondieron que era para el carnaval. En ese momento preguntó si podía integrarse al festejo y le respondieron  que sí.

El primer carnaval en el que participó  fue uno de los mejores, no sólo porque desfiló vestido de árabe y compartió la comparsa con Hitler, un decapitador, Sansón, Dalila, el emperador Nerón y el Conde Drácula, sino porque de ahí en adelante sólo se ha perdido 4 ó 5 fiestas y eso porque su espíritu aventurero lo ha llevado a participar en carnavales como el de  Río de Janeiro en donde vio por primavera vez a un grupo de hombres y mujeres totalmente desnudos moviendo las caderas al ritmo de samba. “Fue algo maravilloso. Entre la gente no había morbo, más bien todos nos quedábamos con la boca abierta por lo bien que bailaban y por lo estético de los cuerpos”.

Después de colocar el último corazón rojo a uno de los arreglos florales elaborado a base de un ramillete de olorosas rosas, Susano saca de una bolsa de plástico un par de botas doradas bordadas con tela, chaquira, lentejuela y piedras brillantes que utilizará como parte de su atuendo, el cual comienza a cocer  desde cinco o seis meses antes.

Para el carnaval 2010 ha decidido ponerse los  trajes originales que el diseña y en los que trata de impregnar, según platica, “mucho color y alegría”. Así son sus atuendos, llamativos, con tonos naranja, amarillo y azul, pero siempre palpitantes por la brillantina que les aplica cuidadosamente.

“Soy muy curioso. De cualquier objeto saco imágenes. Hasta de los tenedores he sacado dibujitos para mis trajes”, agrega Susano mientras las manecillas del reloj le indican que el tiempo avanza rápidamente y que ya va siendo hora de acomodar las alargadas plumas de su sombrero carnavalesco colocado religiosamente en la repisa principal del reducido y  perfumado negocio y de desarrugar el  disfraz de rumbero que utilizará para el primer desfile.

En esta ocasión Susano no será parte de ninguna comparsa.  Será uno de los personajes principales del desfile y durante su recorrido bailará salsa, merengue y cumbia, ritmos que sin ser un profesional domina perfectamente. De ahí que en una publicación especial  de 1984 titulada: “Carnavales del Recuerdo, Ensenada, Baja California”,  elaborada por fallecido cronista e historiador Rafael Miramontes, éste reconociera en Susano a “uno de los personajes que le ha dado vida” a esta celebración”, pues durante años “ha participado en los diversos carnavales, carros alegóricos y actos de coronación, con un lujo desmedido y coreografía extraordinaria”. Desde aquella época ya todos conocían en Ensenada la chispa y la originalidad con que “Popotitos”  baila en los desfiles de carnaval.

Faltando 20 minutos para la una de la tarde, Susano comienza el ritual para vestirse. Lo hace después de encargarle el negocio  a Claudia y meterse a un cuarto ubicado en el segundo piso de la florería. Con el traje puesto, su energía parece cobrar mayor fuerza. Antes de marcharse, da las últimas indicaciones a dos de sus ayudantes. Primero  pide que le bajen el sombrero de la repisa, donde coloca sus flores más bonitas, y después que le acomoden la chamarra que le ha quedado un poco desajustada.

 Justo a la 1 de la tarde sale triunfante de la florería vestido a modo de carnaval. Una vecina del local le grita que se “ve muy guapo” e inmediatamente se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja, algo muy característico en él, según platica el hombre que frente a “La Orquidea de Oro” atiende un pequeño puesto de cacahuates, pepitas y chocolates y que lleva varios años conociéndolo.

Cuando se encuentra en la banqueta de la calle, con toda su parafernalia puesta y el  deseo de iniciar la fiesta, Susano pide de favor que lo lleven en carro. Aun cuando el desfile esta programado a  las 2 de la tarde, prefiere irse una hora antes y practicar sus pasos.  Dice que el sombrero y el traje pesan, así que prefiere ahorrar sus energías para el baile.

Mientras el vehículo  avanza, en la parte trasera se observa  la silueta de “Popotitos” vestido a modo de  carnaval quien en su camino saluda a turistas y conocidos, que ya para esa hora comienzan a reunirse sobre el bulevar Costero a esperar el arranque  de la  popular fiesta que inició hace 92 años en el puerto  y que desde hace 52 ha tenido en Susano a uno de sus personajes más queridos y entrañables.

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