C.A.F Company

Mientras en Baja California los encargados de la seguridad pública aseguran que los más de mil asesinatos registrados en Tijuana, y los decomisos de droga propinados al narco en los últimos dos años, han debilitado las operaciones del cártel Arellano Félix (CAF), en Estados Unidos (EE.UU) la organización trabaja como una compañía trasnacional bien afinada que se ha extendido en al menos 20 ciudades y en un corto plazo ha obtenido ganancias que al año superan los 4 mil 500 millones de dólares.

Dirigido por Enedina Arellano Félix, y coordinado en México por Fernando Sánchez Arellano, “El Ingeniero”, el CAF se ha transformado en más de dos décadas en una eficiente máquina de hacer dinero en el negocio ilícito de las drogas, el cual ha sabido posicionar rápidamente entre las cuatro organizaciones criminales que en la actualidad, y de acuerdo a la Agencia Antinarcóticos de los Estados Unidos (DEA) lideran el mercado de las drogas en aquel país.   

En Norteamérica operan con cautela. A diferencia de lo que ocurre en Tijuana, donde la pugna entre el CAF y las células de Teodoro García –o la permitida entre este apéndice y otros de la organización criminal– ha cobrado la vida de por lo menos mil 800 personas en dos años, en la Unión Americana la política es diferente: Allá compiten con sus rivales de manera apacible, regidos por el principio comercial de la oferta y la demanda. Sin tanta violencia.

Con un amplio mercado de consumidores, el CAF no es la única organización mexicana que controla el negocio de las drogas en Estados Unidos. Hay cárteles, como el que comanda Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, que supera las operaciones y ganancias del CAF en Norteamérica. La revista Forbes en su edición de marzo 2009 ubicó a Guzmán entre los hombres más ricos del mundo con una fortuna personal calculada en mil millones de dólares; directivos de la publicación sacaron estimaciones de las posibles ganancias ilícitas del sinaloense.

En la misma Forbes señalaron también que en 2008 los traficantes mexicanos y colombianos lavaron entre 18 mil y 39 mil millones de dólares, sólo por el trasiego de cocaína a los Estados Unidos; de ese total, estimaron, “El Chapo” pudo haber obtenido un 20 por ciento, cantidad que lo ubicó en la posición 701 de la lista de los más ricos que, por cierto, encabezó el mexicano Carlos Slim Helú.

Un mapa elaborado en 2008 por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, estableció que los cárteles del Golfo, de Juárez, Arellano Félix y la Federación (conformada entonces por los hermanos Beltrán Leyva y la organización de Guzmán Loera), tenían presencia en 189 localidades de la Unión Americana, pero la cifra es mayor. En otras 66 ciudades la DEA no ha podido identificar a la organización que controla el negocio.

Hasta hace unos 20 años la venta de droga en Estados Unidos era realizada por las mafias italianas y colombianas, pero a la muerte de Pablo Escobar y la captura de los hermanos Rodríguez Orejuela a inicios de los años noventa, el control del tráfico y venta de estupefacientes en aquel País, lo tomaron los cárteles mexicanos. El “Informe Estratégico de Control Internacional de las Drogas 2005” del Departamento de Estado así lo demuestra.

El documento señala que en el 2000  los cárteles de México eran los encargados de traficar el 55 por ciento de la cocaína proveniente de Sudamérica, para el mismo estudio pero del año 2005, ya reportan que los mexicanos se convirtieron en los líderes del trasiego de droga controlando el 90 por ciento de las operaciones.

En el caso de California, una de las entidades más ricas de Estados Unidos, el CAF es la organización que encabeza el mercado de las drogas. El mapa revela que los Arellano operan en condados como Calexico, Chula Vista, San Diego, Los Ángeles, Sacramento, Stockton, Tulare, Porterville y Goshen.  El documento también evidencia que los Arellano  han sabido moverse a otros puntos del país donde hace cinco años era inimaginable llegar por la distancia existente entre esas ciudades y su base de operaciones en Tijuana. Es el caso de Nueva York, ubicada a más de 4 mil 500 kilómetros de la frontera con México.

El poderío de la organización es más que evidente. En Nevada, por ejemplo, han sentado sus bases en Las Vegas; en Minnesota lo hicieron en Minneapolis y St. Paul; en Pennsylvania están en Philadelphia; en Dakota del Sur operan en Sioux Falls; en New York  trafican en su capital política; en New Jersey laboran en Camden; en Alaska trabajan en Anchorage; en Ohio tienen sus huestes en Cleveland; en Washington se establecieron en Seattle, y en Massachusetts delinquen en Boston, lo que sin lugar a dudas los convierte en una redituable empresa con presencia en 20 localidades de la Unión Americana.

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