Brutalidad y belleza en la obra de Hugo Crosthwaite.

Foto: Mario Pelayo

Los dibujos de Hugo Crosthwaite  son bellos, trazados con una gran técnica, pero la temática es brutal, no sólo por la narrativa política implícita en la mayoría de su obra sino también por la violencia en la que se desarrollan sus personajes.  Su trabajo es un fiel retrato de lo que ocurre en nuestro entorno, donde las armas AK-47 conocidas como “cuernos de chivo” han acabado con la tranquilidad de miles de mexicanos, mientras que en Estados Unidos las pistolas tipo escuadra han sido testigos de balaceras en escuelas públicas.

En la actualidad Crosthwaite es uno de los artistas bajacalifornianos más reconocidos en México y Estados Unidos. Sus exposiciones incluyen las mejores ciudades de México y Estados Unidos, como son el Distrito Federal, Atlanta, Nueva York, Florida, Los Ángeles, Nueva Jersey y Monterrey.  Además, ha desarrollado una original técnica. Se trata de construir y desconstruir su obra con pintura blanca mientras el publico observa como trabaja.

 Nació en Playas de Rosarito en 1971 y a los 5 años ya dibujaba las obras del ilustrador barroco francés Paul Gustave Doré, quien a la edad de 15 años publicó su primera obra. Tratando de seguir la técnica del también dibujante nacido en 1883, Crosthwaite copiaba sus ilustraciones en blanco y negro impresas en los tomos que tenía su padre de La Divina Comedia, escrita por Dante Alighieri, y El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.

“Yo veía esas ilustraciones y me encantaban. Eran en blanco y negro y eran bien dramáticas. Recuerdo el infierno de Dante Alighieri, eran imágenes barrocas y aun cuando de niño no entendía el significado de las ilustraciones me llamaban mucho la atención”, reconoció el artista quien fue entrevistado el martes 9 de marzo de 2010 en el Museo de Arte de San Diego, California, mientras trabajaba en un cuadro que una vez terminado formará parte de la exposición de su autoría titulada: “Belleza Brutal: Dibujos de Hugo Crosthwaite”.

Nacido para pintar.

Aun cuando empezó pintando como un juego, sus padres estaban contentos con lo que hacía y lo apoyaban. Los dos siempre tuvieron la idea de que el pequeño Hugo estaba recibiendo una educación integral. Por un lado estudiando y leyendo  reconocidas obras literarias y por otro, dibujando las imágenes de Doré.

 Además el hecho de que su padre fuera dueño de una tienda de curiosidades en Playas de Rosarito lo llevó a desarrollarse en un ambiente visual muy rico para un niño de su edad, pues constantemente observaba los muebles viejos de fierro oxidado que se vendían en el negocio familiar, así como las macetas,  lámparas y esculturas, objetos que parecían repetirse en las imágenes que copiaba de Doré.

Así pasó su niñez y adolescencia, dibujando todo lo que veía a su paso, desde un dibujo renacentista, hasta una caricatura muy exitosa en los años ochenta llamada Voltrón e historietas  en el periódico interno que elaboraban sus compañeros de generación en el Colegio México de Tijuana, quienes lo recuerdan como una persona que siempre estaba dibujando, al grado de cambiar sus recreos por quedarse en el salón de clases haciendo lo que más le gustaba.

 Con todo y que su inclinación siempre fue el dibujo, nunca se imaginó que se iba a dedicar al arte. Fue hasta que terminó la preparatoria que se inclinó por una carrera que involucrara el dibujo. Sus únicas alternativas: La Arquitectura y el Diseño Grafico, ganando el segundo, pues reconoció que la primera opción requería de mucho conocimiento en matemáticas, materia que nunca fue su fuerte.

Estudio diseño grafico en el Southwestern College de Chula Vista, California, y por inercia siguió estudiando en el San Diego State University. Fue en la materia de historia de arte casi al concluir la licenciatura, que se dio cuenta que quería dedicarse al dibujo y que el diseño grafico no era lo suyo. Para eso ya tenía 24 años y un futuro prometedor.

El interés por la historia de los artistas y su obra lo llevo a analizar las diferentes pinturas y exposiciones que se presentaban en el Museo de San Diego para posteriormente exponer sus conclusiones en clase. Después de finalizar la materia, Crosthwaite dio un giro de 180 grados y se cambió a licenciatura de Arte  y Grabado, donde finalmente concluyó sus estudios.

De Rosarito a Brooklyn.

Ilusionado con su nuevo oficio, regresó a Playas de Rosarito donde les planteó a sus padres su deseo de dedicarse al arte. Conocedores de las penurias que tienen que vivir muchos artistas antes de ser reconocidos por su obra pensaron que su hijo pasaría por esa experiencia, pero aun así lo apoyaron. El ascenso en la carrera artística de Crosthwaite no los defraudaría.

Por varias semanas se encerró en su casa para crear nuevas obras y lo logró. Gracias a eso dibujo una serie en pequeño y luego terminó una obra más grande, por lo que un día trabajando en casa, Ron Glaubitz un amigo de la infancia que es pintor, lo invitó a montar su obra junto a otros artistas locales. Esa fue su primera exposición, pero casi inmediatamente vino una segunda, lo que le permitió vender algunos de sus cuadros y comenzar su vertiginosa carrera.

Después de esas pequeñas exposiciones en Playas de Rosarito se le dio una oportunidad única: Exponer en el 2000 en el Centro Cultural Tijuana (CECUT), lo que a su vez le abrió las puertas para que Pedro Ochoa, agregado cultural del Consulado Mexicano en San Diego, lo invitara a presentar su trabajo en el Art Walk, que todos los años se celebra en abril en el Little Italy de San Diego. Fue en esa exposición que Hugo encontró a su actual agente, quien pronto lo contactó con galerías y museos de Los Ángeles, Atlanta y Nueva York, por mencionar algunos.

Es en la Gran Manzana donde Crosthwaite radica desde hace más de dos años. Todo ese tiempo ha trabajado en la galería Pierogi en Brooklyn, donde acaba de tener una exposición en noviembre, además que ha presentado su trabajo en otros espacios alternativos de Nuevo York; sin embargo exponer en el museo de San Diego es una satisfacción doble. No sólo porque fue aquí donde como estudiante de diseño grafico comenzó a interesarse en el arte, sino que además esta empleando una técnica que lo caracteriza. Se trata de dibujar mientras la gente lo observa construir y desconstruir su trabajo.

“Para mi ha sido bien grato, casi como destino. Porque curiosamente fue el primer museo de arte que visite en la vida y curiosamente me invitaron a tener una exposición aquí. Es como un circulo”.

De los personajes de sus obras explicó que los saca de la calle, de la vida, de los periódicos. “La manera que trabajo es improvisada. Como aprendí a dibujar informalmente sin estudios de arte copiando las imágenes de Doré, me enfocaba en el detalle y fue así como aprendí, pasando de un detalle a otro para después formular la narrativa, que es hasta cierto modo impulsada por el detalle que estoy elaborando”. De ahí que mientras trabaja  en el rostro de un personaje, pueda pasar al dorso y después dibujar un dedo, por lo que el concepto de su obra surge hasta al final, ya cuando tiene dibujados la mayoría de todos esos pequeños detalles.

A pesar de la formación poco común de Crosthwaite, sus dibujos son “prodigiosos”, aseguró Gwen Gómez, directora de iniciativas bilingües del Museo de Arte de San Diego, quien además reconoció la profesionalidad y entrega del artista, pues el hecho de que la gente pueda entrar y observar como realiza sus dibujos, en vez de ver la obra ya terminada, le permite un acercamiento intimo, pero sobre todo ver el proceso que implica realizar una obra a gran escala.

La técnica Crosthwaite.

Dibujar en lugares alternativos de Brooklyn le ha ayudado a desarrollar una forma de trabajo que lo ha acercado a la pintura.  Según Crosthwaite en  estos espacios invitan a pintores a montar algunos de sus cuadros, pero como él es dibujante propuso la elaboración de dibujos improvisados en las paredes teniendo como plazo dos semanas para terminarlo.

 “Desde el principio sabía que iba a ser destruido porque nadie iba a comprar la pared y serían espacios que en tres meses serían rentados para ser una tienda o un almacén cuyos muros iban a ser pintados”. De ahí que al Artista se le ocurriera la idea de desconstruirla pintando la obra con cuadros blancos una vez que estuviera terminada, como si estuviera pixeliando la imagen. Esa ocurrencia lo acercó de tajo a la pintura.

En el caso del Museo de Arte San Diego, Crosthwaite utilizó la forma de trabajar en lugares alternativos, la única diferencia es que en vez de dibujar en pared, lo hizo en gran formato sobre madera, por lo que una vez que concluya la obra la ira deconstruyendo parcialmente con pintura blanca, pues el museo le pidió que lo dejara “a medias” para poder exhibirla con el resto de los dibujos montados en una de sus salas. 

De la obra que dibujó por espacio de tres semanas, pues inició el 26 de febrero y  concluyó el 16 de marzo, Hugo explicó que se trata de un trabajo en el que quería reflejar su doble identidad. Por un lado la Tijuana que lo vio nacer y crecer y por otro la sociedad norteamericana que lo ha formado como artista y en donde radica actualmente.

Basado en esos elementos comenzó a dibujar dos personajes, no sin antes leer el libro: “Historia en dos ciudades” de Charles Dickens, clásico de la literatura inglesa del siglo XIX, que aborda paralelamente las realidades de Inglaterra y de la Francia revolucionaria. “Vine con la idea de dibujar dos personajes metafóricos. Uno que pudiera reflejar Tijuana y el otro San Diego”, explicó el Artista.

Del barroco al surrealismo.

Pero una vez que comenzó los personajes y comenzó a plasmar detalles de las dos ciudades, se le vino a la cabeza el cuadro de Francisco Goya titulado “El duelo”, en el que el artista español pinta a dos hermanos que se están golpeando con dos garrotes. En el caso de Crosthwaite no trazó mazos, pintó dos armas que caracterizan a México y Estados Unidos. Por un lado el rifle AK-47, muy característico en las balaceras que se registran en ciudades como Tijuana, y por otro una pistola tipo escuadra, como las utilizadas en varias masacres suscitadas en escuelas de Estados Unidos.

Pero como todo es improvisado y el artista esta creando narrativa, también pensó en el cuadro de la artista surrealista mexicana Frida Khalo, “Las Dos Fridas”, y apoyado de un pequeño espejo comenzó a dibujar el rostro de los personajes copiando rasgos de su cara. Por lo que el dibujo es un autorretrato, lo que es considerado uno de los ejercicios de análisis más profundos que puede elaborar un artista.

Del nombre de su exposición titulada: “Belleza Brutal”, comentó que se lo debe a la curadora del museo Amy Galpin, quien decidió llamarla de esa manera porque la temática de su obra es política y de violencia, de ahí lo brutal, mientras que su trazos y dibujos tienen una gran técnica, que raya en lo bello.

“En mi obra no hay nada planeado. Estoy aquí e improviso. El mismo dibujo me esta dictando lo que tiene que suceder”, indicó mientras retomaba su lápiz y se despedía de Fotógrafo y Reportero para continuar con la obra que formara parte del Museo de Arte de San Diego, espacio en el que el Artista conoció por primera vez las tendencias del arte y el trabajo de otros artistas como él.

Casi inmediatamente que retomó su trabajo, la gente que visitaba el Museo lo observaba con detalle y admiración. Son pocos los museos en el mundo que permiten esta interacción entre artista y público y lo sabe, pero Crosthwaite parece no inmutarse, ni ponerse nervioso, al contrario lo disfruta al máximo, tal y como lo hacía cuando siendo un niño o un adolescente prefería cambiar sus recreos con tal de perfeccionar sus dibujos.

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