“Tres Letras”. Un sicario, una guerra y un cártel invencible.

Fotos: PFP

El pozole es un guiso que se consume en todo México y se elabora con maíz colorado cocido en una solución de agua y óxido de calcio (cal). Entre sus ingredientes principales está el chile colorado, el ajo y la carne de res que se arrojan al líquido cuando éste está “que revienta” de hervor.  Sabroso, el plato se consume comúnmente no sólo en la mayoría de las casas, sino en los miles de puestos de comida que pululan en las calles mexicanas. Toda familia mexicana que se precie de tal, debe tener un buen “pozolero” entre sus integrantes. En la familia mafiosa del “Teo” García Pimental, ese rol estaba en manos de Santiago Meza López. La única diferencia con otras familias es que, en lugar de cocinar maíz colorado, “el Pozolero del Teo”, cocinaba personas.

Historia. El cártel Arellano Félix es la estructura criminal que domina desde hace décadas la zona de Baja California en México. El grupo comenzó a funcionar a principios de los años ‘80 y se mantuvo en el poder por casi tres décadas enfrentándose, para sostener el control de esa plaza, con la mayoría de los grandes capos de otras regiones.

El liderazgo de esa banda criminal estuvo inicialmente en manos de los hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix. Se dice que el primero era el cerebro y el segundo el brazo ejecutivo de la extrema violencia del cártel. La crueldad de Ramón se convirtió en legendaria, tanto como la frialdad de Benjamín, quien mientras estuvo prófugo y era buscado intensamente por la DEA y el FBI vivió tranquilamente en San Diego, California, San Antonio y Texas por más de 10 años.

Tras la muerte de Ramón Arellano Félix, asesinado el 10 de febrero de 2002, y la captura de su hermano Benjamín, un mes después, el Cártel Arellano Félix (CAF) tendría todavía mucha vida por delante. Entre los líderes que continuaron con el control del cártel se destacó un hermano de Ramón y Benjamín llamado Javier Arellano Félix, “el Tigrillo”. Cuando éste también cayó, en 2006, el control del CAF quedó en manos de otra hermana de los Arellano, Enedina y de su hijo, Fernando Sánchez Arellano: “El Ingeniero”.

Caen los capos quedan los cárteles. La historia de este cártel de la droga demuestra hasta qué punto la caída de un capo no es sinónimo del derrumbe de las estructuras mafiosas y pone en duda la estrategia del gobierno de Felipe Calderón, el presidente de México, quien en diciembre de 2006 lanzó una “guerra contra el narco” que pretendía descabezar a los cárteles, pensando que sin sus líderes estos quedarían acéfalos.

Después de tres años y algo más de 20 mil muertos la estrategia puede catalogarse como un fracaso. Al respecto el propio Secretario de Seguridad Pública de Calderón y Zar de la lucha contra el narco, Genaro García Luna, resumió: La idea era que al cortar la cabeza, el cuerpo dejara de funcionar. En cambio, los sicarios tomaron el control.

Uno de esos sicarios que intentó tomar el control al ver caer a los capos que atrapaba el gobierno federal fue justamente Teodoro García Simental (“el Teo” o “el Tres Letras”) quien desde 2006 en adelante, apoyado por el cártel de Sinaloa, desató una guerra en Tijuana intentando desplazar a los Arellano Félix.

 “El Teo” García Simental. Fue la detención de su hermano, Marco Antonio García Simental (“el Cris”) ocurrida el 23 de junio de 2004 lo que le permitió al “Teo” convertirse en uno de los principales lugartenientes de la organización Cártel Arellano Félix.

Su historia criminal se había iniciado en 1994, cuando apenas tenía 16 años y fue reclutado por Ramón Arellano Félix, conocido como uno de los jefes de la mafia más violentos de su época porque tenía la costumbre de ejecutar personalmente y con crueldad a sus enemigos. Ramón vio pasta de asesino en “el Teo” y lo contrató como guardaespaldas.

Tras la muerte de Ramón, “el Teo” pasó a ser responsable de la seguridad personal de Javier Arellano Félix, “el Tigrillo”, heredero del cártel. La captura en agosto de 2006 del “Tigrillo” le permitió otra vez escalar posiciones dentro de la estructura del cártel como lo había hecho tras el arresto del “Cris”.

En esa nueva ocasión no sólo fue reafirmado como el encargado de la protección de los socios, sino que también se le confió el control de redes del trasiego (tráfico) de la droga enviada a los Estados Unidos, un nuevo rol que lo acercó más al negocio y lo posicionó como nuevo poderoso de la mafia en Tijuana.

Pronto “el Teo” comenzó a modificar su perfil de sicario y se las ingenió para tejer una sólida red criminal que controlaba células de sicarios y policías corruptos con quienes coordinaban la seguridad de los miembros del cártel.

La violencia del “Teo”. Una de las primeras muestras de la violencia que ejerció “el Teo” contra las personas que consideraba sus enemigos ocurrió en septiembre de 2006. Ése día una de las células que comandaba asesinó al entonces subdirector de la Policía y Tránsito Municipal de Tijuana, Arturo Rivas Vaca. Semanas antes Rivas Vaca había recibido una corona de flores para intimidarlo.

Aunque a finales de ese año las autoridades policíacas confiaron extraoficialmente que García Simental había intentado también acabar con la vida del entonces Secretario de Seguridad Pública del Estado, Manuel Díaz Lerma al emboscarlo en Mexicali, en ninguno de los dos casos hubo cargos o se pudieron recoger evidencias en su contra. Lerma salvó la vida gracias a la valentía de sus escoltas.

La escalada de violencia generada por “el Teo” con el objetivo de controlar el tráfico de drogas en Tijuana llegó a uno de sus picos el 18 de abril de 2007. Ese día un grupo de sicarios a su mando trató de rescatar a los tiros a uno de sus colaboradores de Hospital General de Tijuana, donde se encontraba internado. En las instalaciones de ese centro médico, víctima del tiroteo, murió baleado el policía estatal Miguel Ángel López Torres.

Durante los meses siguientes muchos otros efectivos de seguridad fueron acribillados en diferentes puntos de Tijuana. En aquella época se dijo de manera extraoficial (y por primera vez) que en realidad las ejecuciones contra policías registradas durante el segundo semestre de 2007 eran el resultado de la traición del “Teo” al CAF.

Todo indicaba que como “el Teo” se había asociado al Cártel de Sinaloa para desplazar a la familia Arellano Félix del control de la plaza de Tijuana. En ese marco se estaba produciendo una pugna entre los sicarios de uno y otro grupo. A esa altura el CAF ya estaba al mando de Fernando Sánchez Arellano, “el Ingeniero”, sobrino de Ramón, Benjamín y Javier e hijo de la nueva conductora del Cártel Arellano Félix.

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